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Manuel Martín Arroyo
Lunes, 5 de junio de 2017

La importancia del análisis de Ciclo de Vida en la agricultura de regadío

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El reto al que nos enfrentamos en los próximos años es producir más con menos, ya que se estima que la producción de alimentos deberá incrementarse al menos un 70% para el año 2050 para poder alimentar a los 9000 millones de personas. Sin embargo, esto lo tenemos que conseguir utilizando menos recursos, ya que estos son limitados y debemos asegurar la protección del medio ambiente, con lo cual, este gran reto requiere de soluciones inteligentes y eficientes.

Se estima que el 70% del agua es utilizada por la agricultura. Si a lo anterior añadimos que vivimos en una de las regiones más áridas de Europa y que los periodos de sequia se intensificaran debido al cambio climático, el ahorro de agua en la agricultura de regadío se hace imprescindible. Además de la necesidad de ahorrar agua, es necesario el ahorro de energía, ya que en los últimos años el consumo energético en el regadío se ha incrementado, además, las tarifas eléctricas han subido, lo que ha provocado que los costes energéticos en el regadío se hayan disparado, produciéndose una perdida de rentabilidad. Por ultimo, la eficiencia hídrica y energética adquiere cada vez más importancia debido a que en los mercados internacionales crece la demanda de productos con garantía sostenible.

 

Para dar respuesta a estos retos aparece el Análisis del Ciclo de Vida (ACV), que es un proceso objetivo que permite evaluar las cargas ambientales asociadas a un producto, proceso o actividad, identificando y cuantificando tanto el uso de materia y energía como las emisiones al entorno, para determinar el impacto de ese uso de recursos y esas emisiones y para evaluar y llevar a la práctica estrategias de mejora ambiental. El Análisis de Ciclo de Vida (ACV) tiene como objetivo determinar el impacto ambiental e incluye el ciclo completo de las producciones agrícolas obtenidas teniendo en cuenta las etapas Agronómica, Cosecha, Transformación, Envasado/Conservación, Distribución y Uso y fin de vida. Se realiza para mejorar la competitividad de la agricultura de regadío y garantizar la sostenibilidad de las producciones ante los mercados internacionales.

 

Para realizar el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de las producciones agrícolas se determinan dos indicadores que pueden ser verificados o certificados:

  • Huella Hídrica: La Huella hídrica de las producciones agrícolas es la cantidad de agua que se necesita para producir cada unidad de producto, es un indicador del uso de los recursos hídricos. Los conceptos básicos de la Huella Hídrica son: Agua Verde (es el volumen de agua de precipitación que es utilizada en el lugar donde cae), Agua Azul (es el volumen de agua extraída de un cuerpo de agua superficial o subterránea) y Agua Gris (es el volumen de agua necesaria para diluir las aguas contaminadas resultantes de su uso para que las masas de aguas receptoras mantengan los niveles de calidad exigibles). Para la cálculo de la Huella Hídrica de las producciones agrícolas se considera únicamente el Agua Verde y el Agua Azul, excluyendo el Agua Gris por ser un tipo de agua con un marcado carácter teórico. La Huella Hídrica de un producto es el principal indicador de sostenibilidad vinculado al agua y la disposición de este indicador es la garantía de la obtención de una producción sostenible ante los mercados internacionales.
  • Huella de Carbono: La Huella de Carbono de las producciones agrícolas es la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos para producir cada unidad de producto. Al identificar las fuentes de emisiones de GEI de un producto, en todo el proceso productivo, permite definir mejores objetivos, estrategias de reducción de emisiones mas efectivas y reducción de costes, debido al mejor conocimiento de los puntos críticos para la reducción de emisiones. Con los resultados de este estudio se puede elaborar una estrategia de compensación para la Huella de Carbono con el objetivo de alcanzar un CO2 Neutral. La Huella de Carbono de un producto es el principal indicador de sostenibilidad desde el punto de vista energético.

 

Es posible reducir la Huella Hídrica y Huella de Carbono mediante la Agricultura de Precisión, donde la toma de decisiones estén basadas en variables medibles gracias al empleo de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs), usando de forma más eficiente los recursos productivos agua, energía y fertilizante en las explotaciones, reduciendo por lo tanto el uso de estos recursos e incrementando las producciones.

 

La reducción de la Huella Hídrica en la agricultura de regadío se consigue mediante la gestión integral del riego, que consiste en la incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) en la agricultura (Riego de Precisión) para realizar una programación óptima del riego, lo que se traduce en una gestión eficiente y sostenible del agua de riego. Además del uso de TICs, es imprescindible el correcto diseño de las instalaciones de riego, la realización de la sectorización de la finca en base a criterios agronómico e hidráulicos y la incorporación de elementos de control y automatización del riego. El resultado final es el ahorro de agua azul y la consiguiente reducción de la huella hídrica de las producciones agrícolas.

 

Entre los proyectos para reducir la Huella de Carbono en la agricultura de regadío destacan los proyectos de eficiencia energética y de riego solar. Los proyectos de eficiencia energética optimizan el uso de la energía en instalaciones de riego, analizando y optimizando las redes de riego a presión y proponiendo las mejoras oportunas para reducir el uso de energía en las explotaciones y/o comunidades de regantes y los proyectos de riego solar consisten en bombear el agua utilizando como energía la radiación solar, que se transforma mediante módulos fotovoltaicos en la energía eléctrica con la que funcionan las bombas. Mediante estas medidas se reduce la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), disminuyendo la Huella de Carbono de las producciones agrícolas.

 

El futuro de la agricultura de regadío depende, en buena parte, de la utilización más eficiente de los recursos agua, fertilizante y energía en las fincas de cultivo de manera que se mantengan los niveles de producción actuales utilizando menos recursos. El Análisis de Ciclo de Vida (ACV) es la garantía sostenible de las producciones agrícolas ante los mercados internacionales.

 

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